
Historia de dos ciudades
Charles Dickens
Sydney Carton es el personaje central en términos emocionales, pese a no ser el protagonista formal. Es un hombre que se percibe a sí mismo como un fracasado sin valor, y precisamente por eso su acto final resulta tan devastador y hermoso: encuentra su única grandeza en el momento en que decide desaparecer. Madame Defarge, por su parte, es uno de los grandes personajes antagonistas de Dickens: no es simplemente malvada, sino el producto lógico de décadas de opresión. Su tejido es una de las imágenes más poderosas de toda la novela victoriana, una lista de muerte silenciosa que crece fila a fila. Dickens escribió la novela en fascinación con la Revolución Francesa tras leer la historia de Thomas Carlyle, y algunos críticos señalan que la usó también para explorar sus propias angustias sobre el amor imposible y el deseo de empezar de nuevo.